La figura del pintor madrileño Juan Victoriano González Pérez (Juan Gris, 1887-1927) ha pasado a la historia del arte como el más puro de los cubistas. A diferencia de los demás fundadores del movimiento —Pablo Picasso, Georges Braque y Fernand Léger—, tuvo una vida corta, marcada por una infancia difícil en el seno de una familia burguesa arruinada, el abandono de los estudios, las dificultades económicas y la enfermedad, y nunca llegó a gozar de la respetabilidad de sus pares. Sin embargo, fue el teórico de mayor enjundia del movimiento y el más ascético en la práctica de su arte, hasta el punto de convertir el bodegón en un culto. Su itinerario artístico, que se inicia como ilustrador de revistas satíricas españolas, catalanas y francesas para sobrevivir y desde donde pasa apenas sin transición al cubismo, constituyó una permanente exploración de la naturaleza del signo pictórico. Mientras Picasso y Braque creaban formas abstractas a partir del análisis de objetos concretos, Gris se empeñó en seguir el camino opuesto: comenzar con una composición abstracta para luego adaptarla a los objetos representados. El mejor resumen de esta exploración lo hizo el mismo Gris en una extensa conferencia dictada en la Sorbona pocos años antes de morir, «Sobre las posibilidades del arte». Como manifestó en una famosa respuesta al cuestionario que Ozenfant y Le Corbusier enviaron a varios pintores para L'Esprit Nouveau: «Cézanne convirtió la botella en un cilindro, pero yo parto del cilindro para crear una entidad individual de un tipo particular: creo una botella...».

La íntima relación de Gris con el mundo de la literatura, particularmente el francés, pero también con la generación del 27 y la vanguardia latinoamericana, dio frutos en ambas direcciones: en su producción como ilustrador, pero también como fuente de inspiración poética. Muy tempranamente, en 1906, ilustró Alma de América. Poemas indoespañoles de José Santos Chocano, todavía con un estilo convencional. Fue amigo de César Vallejo y Vicente Huidobro durante los años en que coincidieron en París, y Huidobro le dedicó sus Poemas árticos (que Saltana presenta en este número en una nueva traducción al inglés  de Ian Barnett ). Compuso litografías y aguafuertes para Poèmes en prose (1915), Au soleil du plafond (1916) y Guitarre endormie (1919) de Pierre Reverdy (1919), Ne coupe pas, Mademoiselle (1920) de Max Jacob y Mouchoir des nuages (1924) de Tristan Tzara. Al igual que Pablo Picasso, colaboró con la revista malagueña Litoral, cuya cubierta del número gongorino fue una de sus últimas obras. Gertrude Stein tomó sus pinturas como modelo de sus poemas «cubistas» y el eco de su influencia en la vanguardia anglosajona llega hasta  William Carlos Williams  (como el lector puede ver en «La rosa es obsoleta», que Saltana presenta también en este número en traducciones inéditas al castellano de Daniel Aguirre y al catalán  de Roser Berdagué ).  En 1927, el año de su muerte, Gerardo Diego publicó en la Revista de Occidente su «Devoción y meditación de Juan Gris», un texto fundamental para comprender la relación entre literatura y artes visuales en el ámbito hispano.
(S)

Juan Gris según
Amadeo Modigliani, 1915

 Portada de Litoral, 1927