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Cierta concepción filosófica de la traducción llevó a Friedrich Schleiermacher, y después de él a Francis Newman, José Ortega y Gasset, Walter Benjamin, Vladimir Nabokov y otros a proponer que ésta debía recorrer un trayecto inverso al que se supone comúnmente: en lugar de aproximar el texto extraño al lector volviéndolo natural, la traducción debía aproximar al lector hacia el texto extraño haciéndole sentir dicha extrañeza.
La versión 1 de este poema responde a ese propósito e intenta ofrecer una transcripción formal. Mantiene el orden de las cláusulas y recurre a estructuras que, sin violar la gramática, se apartan lo menos posible de las originales. No se preocupa por obtener un texto natural o bien redactado. Sigue la puntuación inglesa casi en su totalidad. Traduce algunos verbos por su acepción más corriente (make, en los versos 15 y 16, por «hacer») o utiliza expresiones ajenas al acervo del castellano para forzar la simetría (had a half thought se convierte en «tuvo un medio pensamiento» en el verso 16; in quiet heaps se traduce como «en quietos montones» en el verso 28, en calidad de extraño complemento circunstancial del verbo «escuchar»). Asimismo, no se abstiene de consignar repeticiones molestas que tal vez pasaron inadvertidas al autor (como la de across en los versos 1 y 2) ni se esfuerza por explicitar alusiones (salvation, en el verso 14, alude muy probablemente al «Salvador»» en su cuna, o sea, a Cristo en Belén).
La versión 1 traslada, pues, al lector hacia la lengua del autor como si así se pudiera mostrar, a la manera de una radiografía idiomática, sus construcciones y convenciones sin ningún tipo de cosmética. Es lo que generalmente se denomina «fidelidad al original», algo que en rigor quiere decir «apego estricto a sus rasgos morfológicos y sintácticos». Sin embargo, esta estrategia no sólo introduce giros, repeticiones y énfasis que el castellano literario no parece tolerar, sino que tampoco alcanza la correspondencia léxica, gramatical o formal pretendidas, dadas las irreductibles diferencias entre ambos idiomas: no elimina el recurso a la paráfrasis cuando no existe un vocablo castellano que coincida más o menos con el campo semántico del vocablo inglés («lanzar una mirada lasciva» por leer at en el verso 8, «agarrar con fuerza» por grip en el verso 10); no puede mantener los gerundios de posterioridad, que la gramática castellana prohíbe («y explica y explica» por explaining, explaining en el verso 26; «concluidas» por ending en el verso 34); implica modificar los cambios de verso con el fin de reproducir, aunque sea de manera muy imperfecta, uno de los rasgos esenciales del poema en inglés: la disposición espacial, que impresiona al lector a primera vista y nada tiene que ver con la métrica.
La versión 2 se despoja de esta presunta fidelidad partiendo del supuesto de que el lector quiere una cosa distinta: quiere un poema. Casi todos los recursos antes mencionados se dejan de lado en aras de una versión más fluida, elegante y musical del poema de Dobyns. Por más que se trate de una interpretación, no de una creación en sentido estricto, tiene rasgos en los que el traductor ha puesto, inevitablemente, su propio sentir y su propio lenguaje. En este aspecto constituye sin defensa alguna una traducción infiel en el sentido expuesto. Sin embargo, pretende ser fiel al lector, aproximándose más al lenguaje poético y transmitiendo una musicalidad, una vibración, que el traductor no cree rescatable mediante la versión 1.
Es cierto que en la versión 1 el traductor pone menos de sí mismo, parece que le «cede la palabra» al poeta, por así decirlo; y que en la versión 2 su compromiso personal es mayor y su presencia más notoria. Sin embargo, sería tan ilusorio pensar que en la versión 1 el traductor desaparece, se vuelve transparente o fantasmal, como pensar que la versión 2 es creación suya autónoma, sin el soporte esencial del autor, que ha puesto todas las ideas, imágenes y ritmos.
Probablemente ninguna de las dos versiones, la que tiende a la transcripción formal y la que constituye una recreación interpretativa, satisfaga a todos los lectores, pero su complementación o superposición, tal como sucede con la visión binocular, puede dar quizá un atisbo mayor del cuerpo tridimensional observado: la forma, el universo semántico y el sentido total del poema. (T)
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