Traducción de Francisco Soto y Calvo
  
CANTO V

Circulo II: Lujuria
Minos, Semíramis, Dido, Cleopatra, Aquiles, Paris, Francesca da Rimini


Segundo círculo del infierno. Minos examina las culpas en la entrada, y señala a cada alma su lugar de suplicio. Círculo de los lujuriosos donde comienza la serie de los siete pecados capitales. Francesca de Rímini.
 
Tal descendí del círculo primero
al segundo que menos área encierra
y es mucho más doliente y gemidero.

Minos allí, del infeliz que aterra
las culpas examina, ya en la entrada
juzga y reparte lo que su antro encierra.

Así, cuando alguna alma malograda
llega hasta allí, tremente se confiesa,
y el Juez le da la cárcel adecuada. 

Cada lugar de su mansión se expresa
por vueltas de su cola y organiza
reino, lugar, castillo y pena impresa.

Siempre de aquella gente que analiza
hay multitud en frente de él. El juicio
dice y reo en ascuas se desliza.

-«Oh tú que aportas al doliente hospicio»
(gritóme Minos cuando allí me viera
dejando el odio de su horrendo oficio)

«no pretendas entrar...Es mentidera
la amplitud de esta entrada». En tal momento
mi Maestro le habló: -«¿Es la manera

tal de gritar? Que siga, yo consiento
por donde quiera y pueda; no es preciso,
y no preguntes más...» ¡En un lamento

múltiple entonces reventó el circuito
pues éramos llegados al estadio
del hondo horror y del perpetuo grito!

Tal encontreme en el mugiente radio
que como un mar que truena tempestuoso,
vuelve y revuelve el grito funerario.

El huracán feroz, nunca en reposo,
arrebata con garras rampicantes
el cardumen de espíritus, luctuoso.

Las cuevas al pisar todos semblantes
blasfeman ¡ay! de Dios en sus lamentos:
de la bondad divina horrorizantes.

Supe que en eso estriban sus tormentos:
son los que pecan por la carne, en ello
sus impulsos cambiando en sentimientos. 

Tal cual los estorninos al destello
sel hielo escapan percutiendo el ala,
los malos ¡ay! ante el intento bello,

uno aquí, uno allí, doquier resbala
el cardumen de espíritus sin vuelta,
que ni aun espera pena menos mala.

Y cual las grullas graznan y en la esbelta
larga línea del aire al fin se funden, 
vi a mí venir una bandada suelta.

Sombras de lucha su inquietud difunden. 
Yo pregunté al Maestro: -«¡Qué pecados
a estos purgantes en su horror confunden?».

-«Esta que ves entre esos desdichados
y al frente de ellos, (sacia tu pregunta)
fué emperatriz de asuntos muy mentados.

Tal la lujuria estaba en su alma junta,
que ésta le dió la pena más cumplida,
pues más horror que su placer despunta.

Fue Semíramis, sucesora en vida
de Nino, esposa, y que la tierra tiene
que al Soldán yace siempre sometida.

Más falsa la otra es... De ello proviene
su perjurio a los manes de Sicheo...
Después Cleopatra voluptuosa viene.

A Elena ve, por quien el tiempo reo
de atrocidad se hiciera: luego Aquiles
que luchó por su amor y su deseo;

ve París, Tristán» y muchos miles
de sombras muestra, que el amor sin freno
trocó en precitos o empeoró en rediles.

Cuando hube oído a mi Doctor sereno
nombrar a tanto grande perseguido
casi desmayo de tristeza lleno.

Y comencé: -«Poeta; ¡hacedme, os pido,
hablar con esos dos que van livianos!
dúo de amor, para el amor nacidos».

Y él repuso: -«Espera a que cercanos
se hallen de ti, sus confidencias prega
verás cuánto en su amor están ufanos.

Y yo así hablé; tal como el viento juega
con voz pregante: -«¡Oh almas afanadas
venid a hablar, si hacerlo nada os niega!»:

Como palomas del placer llamadas
con ala firme y dulce al dulce nido
vuelven del viento del querer llevadas.

Saliendo al punto del tropel de Dido,
vinieron en el aire fatigoso;
tal los mueve en su afán nuestro pedido.

Y ella me dijo: -«¡Oh, ser que bondadoso
visitas, navegando el aire terso,
a los que el mundo hicimos sanguinoso!

Si fuese amigo el Rey del Universo
por tu paz nuestro afán intercediera;
pues sientes tanto nuestro mal perverso.

Que cuanto oír o conversar quisiera
vuestra alta voluntad completa se haga
mientras el viento aquí calla y espera.

Donde busca la paz el Pó, y se embriaga
en el blando aromar de su marina
está la cuna de mi cuna aciaga...

Amor que a pecho fiel pronto domina
a éste arrastró hacia mi gentil persona
tal, que mi alma incendió y aun me calcina

amor que a nadie amado amar perdona,
ese supo inspirarme de tal suerte
que cual lo veis, aun no me abandona.

Amor prodújonos la misma muerte...
¡Caín contempla el fin de su trabajo!»
Este dolor, que dijo con voz fuerte.

Me hizo inclinar el rostro y como bajo
me lo viera el Poeta. -«¿Y tú qué piensas
del gran placer que tal amor les trajo?».

Y yo exclamé: -«¡Oh lágrimas intensas!
Dulcísimo sufrir. Cuántos anhelos
llenáronlas con ansias tan inmensas...¡»

Y volviéndome a ella: -«En mis desvelos
yo, te ofrezco, Francesca, en tus martirios
cómo un relente en lágrimas, mis duelos!

Pero dime. ¿En tus prístinos delirios
cuándo, y aun cómo, concedió tu amor
la dulce posesión de tus empírios?»:

Y ella a mí: -«Ningún más gran dolor
que recordar el tiempo antes feliz
en tal angustia ¡pregunta a tu Doctor!

Mas si saber anhelas lo que hice
en la alba de este amor que te interesa
haré como hace aquél que llora y dice:

leíamos un día el alma encesa
este y yo, en puro afecto y sólos, cuánto
amor en Lancelote hiciera presa.

Con los ojos cerrados al encanto
de la lectura, el rostro desteñido;
¡fue aquél segundo el que hoy sufrimos tanto!

¡Al llegar al relato conmovido,
de beso dado por el otro amante,
este que más de mí no se ha partido,

la boca me besó todo tremante!
Galeoto el libro fue y quien lo escribiera
y ese día el leer no fue adelante...».

Mientras esto el espíritu dijera, 
el otro llora... Mi ánimo decae,
y me impele a caer, cual si muriera;
a caer como cuerpo muerto cae.


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(Tr) Dante ALIGHIERI, La Divina Comedia, versión lírica por Francisco Soto y Calvo, Buenos Aires: Edición ordenada por el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública y dirigida por Nicolás Besio Moreno, 1940.