Nota introductoria y traducción de Daniela Antúnez
 
 
La Antología palatina, también conocida como Antología griega, es una colección de unos tres mil seiscientos epigramas griegos, compuestos por más de trescientos poetas desde el siglo IV a. C. hasta la tardía edad bizantina, que rehizo y amplió la compilación que Constantino Cefala había llevado a cabo en el siglo X. En 1607, esta antología fue descubierta por Claudio Salamasio en un códice del siglo XI de la Biblioteca del conde palatino del Rhin, en Heidelberg. La Antología se divide en dieciséis libros, entre los que destaca el libro XV (antiguamente, un libro independiente del que se han conservado escolios), que contiene, bajo el título de «Epigramas varios» o «Miscelánea», una serie de seis poemas de carácter figurativo, correspondientes a los epigramas 21, 22 y 24 a 27, conocidos como los technopaegnia.

Los technopaegnia conforman un grupo de poemas miméticos de carácter visual que, en general, representan la figura de los objetos que describen a partir de la diferente extensión de sus versos: «La siringa» (nº 21), atribuido a Teócrito; «El hacha» (nº 22) y «Alas de amor» (nº 24), de Simias de Rodas; dos poemas bajo el nombre de «Altar», uno de Besantino (nº 25) y otro de Dosíadas (nº 26); y, finalmente, «El huevo», del ya mencionado Simias (nº 27). Aunque antiguas fuentes se refieren a estos poemas como paignia (el término technopaegnia fue acuñado tardíamente),(1) ambas denominaciones aluden a la mezcla de artificio (techne) y de juego (paignion) que los caracteriza.

Entre los technopaegnia podemos distinguir los llamados griphoi, verdaderos acertijos de lenguaje enigmático, en los que todo se significa por paráfrasis, como ocurre en «La siringa» de Teócrito y «Altar» de Dosíadas de Creta, y los carmina figurata de Simias (considerado como el precursor de este género), cuyo estilo parece tener mayor claridad.

«El huevo» de Simias de Rodas (300 a. C.) es uno de los primeros y más elaborados de los technopaegnia: un poema de diez pares de versos (cada par de una unidad métrica más larga que el anterior) configurado de tal modo que representa la forma de un huevo. Su lectura resulta difícil, pues debe realizarse a partir del primer verso y continuar en el último, volver al segundo y de allí al penúltimo hasta llegar al centro, o bien, como propone Legrand,(2) podría leerse a la inversa, desde el centro hacia fuera. Su sentido parece bastante claro: el poema se presenta como el huevo perdido de un ruiseñor dorio recogido por Hermes, quien ordena sus versos y lo envía a los hombres. Parece que el epigrama tiene un carácter metafórico, dada la tradicional imagen del poeta como ruiseñor localizable en el ámbito de la poesía griega: el huevo aludiría, en definitiva, al propio poema escrito por el dorio Simias, que revela de este modo su afición, propia del artista helenístico, por la metáfora, la alegoría y el simbolismo.(3)

«El hacha» está formado por seis pares de versos, cada par con una medida métrica más corta que el anterior. Se presenta como una dedicatoria de Epeo, el constructor del caballo de madera de Troya, quien ofrece su instrumento a Atenea, inspiradora de la idea a Odiseo. Este poema es también de difícil lectura: a partir de un eje central, el hacha se configura en dos semicírculos. El extremo izquierdo está formado por los versos pares y el derecho por los impares, de modo que la lectura se realiza desde el filo derecho hacia el izquierdo, y así sucesivamente.

«Alas de amor» está configurado en una serie de seis versos de longitud decreciente seguidos por otros seis de longitud creciente. El poema no parece ser una descripción de las alas de Eros, sino una representación del dios alado que se muestra a sí mismo como un adolescente barbudo, hijo del Caos y no de Cipris, vencedor del Cielo, pero, a la vez, persuasivo con su dulce voz. Dado que, a diferencia de los otros dos poemas de Simias, en este caso lo nombrado no es el objeto de la descripción, se ha conjeturado que pudo haber sido grabado sobre las alas de una estatua de Eros.(4) En realidad, esta posibilidad reenvía a la naturaleza primera del epigrama como inscripción, en verso o en prosa, comúnmente dedicatoria o fúnebre, que luego evolucionaría hasta la aparición del epigrama literario. Aún cuando recientemente se ha propuesto que los tres technopaegnia de Simias no son realmente poemas figurativos, sino inscripciones,(5) esta hipótesis parece poco probable en relación con el «El huevo» y «El hacha» y, por otro lado, no logra debilitar la fuerza de la innovación helenística respecto a la transformación del propio poema en imagen, sustentada en la comprensión de la equivalencia existente entre la palabra y lo visual que ya estaba presente en la tradición de la lírica griega arcaica.
(6) (T)

NOTAS

(1) Véase R. Pfeiffer, Historia de la filología clásica, Madrid, 1981, vol. I, p. 170 n. 14, y E. R. Curtius, Literatura europea y Edad Media latina, México, 1998, p. 400.
(2) Véase P. E. Legrand, Bucoliques Grecs, Paris, 1953, vol. II, p. 226.
(3) J. Onians, Arte y pensamiento en la época helenística, Madrid, 1996, p. 156.
(4) Véase U. v. Wilamowitz, Die Textgeschichte der griechischen Bukoliker, Berlin, 1906, pp. 243-245, y Onians, 1996, p.156.
(5) Ésta es la opinión de A. Cameron, Callimachus and His Critics, Princeton, 1995, pp. 34-36; incluso se aventura a concluir que «después de todo, quizá el poema figurativo es una creación de la época romana y no de la helenística» (p. 37).
(6) Recuérdese a Simónides de Ceos (siglos VI-V a. C.) y su definición de la poesía como pintura parlante y de la pintura como poesía muda. Véase, al respecto, B. Gentili, Poesía y público en la Grecia Antigua, Barcelona: pp. 25-26, p. 117.
 
   
 
[EL HUEVO]
 
[EL HUEVO]
 
   
 
 
(Or) DÜBNER, F. (ed.), Anthologia Palatina cum Planudeis et appendice nova epigrammatum, París: Ambrose F. Didot, 1872. Forma gráfica modificada por Robert Falcó.
   
Bibliography on Sim(m)ias. A Hellenistic Bibliography. Compiled and maintained by Martine Cuypers, Department of Classics, University of Leiden.
OTROS POEMAS DE SIMIAS DE RODAS EN TRADUCCIÓN DE DANIELA ANTÚNEZ
   Alas de amor