Traducción de Francesca Mestre
 
ΠΑΣΙΦΑΗ
     ῾Η Πασιφάη τοῦ ταύρου ἐρᾷ καὶ ἱκετεύει τὸν Δαίδαλον σοφίσασθαί τινα πειθὼ τοῦ θηρίου, ὁ δὲ ἐργάζεται βοῦν κοίλην παραπλησίαν ἀγελαίᾳ βοῒ τοῦ ταύρου ἐθάδι. καὶ ἥτις μὲν ἡ εὐνὴ σφῶν ἐγένετο, δηλοῖ τὸ τοῦ Μινωταύρου εἶδος ἀτόπως συντεθὲν τῇ φύσει· γέγραπται δὲ οὐχ ἡ εὐνὴ νῦν, ἀλλ' ἐργαστήριον μὲν τοῦτο πεποίηται τοῦ Δαιδάλου, περιέστηκε δὲ αὐτῷ ἀγάλματα τὰ μὲν ἐν μορφαῖς, τὰ δὲ ἐν τῷ διορθοῦσθαι, βεβηκότα ἤδη καὶ ἐν ἐπαγγελίᾳ τοῦ βαδίζειν. τοῦτο δὲ ἄρα ἡ πρὸ Δαιδάλου ἀγαλματοποιία οὔπω ἐς νοῦν ἐβέβλητο. αὐτὸς δὲ ὁ Δαίδαλος ἀττικίζει μὲν καὶ τὸ εἶδος ὑπέρσοφόν τι καὶ ἔννουν βλέπων, ἀττικίζει δὲ καὶ αὐτὸ τὸ σχῆμα· φαιὸν γὰρ τρίβωνα τοῦτον ἀμπέχεται προσγεγραμμένης αὐτῷ καὶ ἀνυποδησίας, ᾗ μάλιστα δὴ οἱ ᾿Αττικοὶ κοσμοῦνται. κάθηται δὲ ἐφ' ἁρμονίᾳ τῆς βοὸς καὶ τοὺς ῎Ερωτας ξυνεργοὺς ποιεῖται τοῦ μηχανήματος, ὡς ᾿Αφροδίτης τι αὐτῷ ἐπιδεῖν. ἐναργεῖς μὲν τῶν ᾿Ερώτων καὶ οἱ τὸ τρύπανον, ὦ παῖ, στρέφοντες καὶ νὴ Δί' οἱ τῷ σκεπάρνῳ λεαίνοντες τὰ μήπω ἠκριβωμένα τῆς βοὸς καὶ οἱ σταθμώμενοι τὴν ξυμμετρίαν, ἐφ' ἧς ἡ δημιουργία βαίνει. οἱ δὲ ἐπὶ τοῦ πρίονος ἔννοιάν τε ὑπερβεβλήκασι πᾶσαν καὶ σοφίαν, ὁπόση χειρός τε καὶ χρωμάτων. σκόπει γάρ· πρίων ἐμβέβληται τῷ ξύλῳ καὶ διήκει αὐτοῦ ἤδη, διάγουσι δὲ αὐτὸν οὗτοι οἱ ῎Ερωτες ὁ μὲν ἐκ τῆς γῆς, ὁ δ' ἀπὸ μηχανῆς ὀρθουμένω τε καὶ προνεύοντε. τουτὶ δ' ἐναλλὰξ ἡγώμεθα· ὁ μὲν γὰρ νένευκεν ὡς ἀναστησόμενος, ὁ δὲ ἀνέστηκεν ὡς νεύσων, καὶ ὁ μὲν ἀπὸ τῆς γῆς ἐπὶ τὸ στέρνον ἀναπέμπει τὸ ἆσθμα, ὁ δ' ἀπὸ τοῦ μετεώρου κατὰ τὴν γαστέρα πίμπλαται κάτω συνερείδων τὼ χεῖρε. ἡ Πασιφάη δὲ ἔξω περὶ τὰ βουκόλια περιαθρεῖ τὸν ταῦρον οἰομένη προσάξεσθαι αὐτὸν τῷ εἴδει καὶ τῇ στολῇ θεῖόν τε ἀπολαμπούσῃ καὶ ὑπὲρ πᾶσαν ἶριν βλέπει τε ἀμήχανον–καὶ γὰρ γινώσκει, ὁποίων ἐρᾷ–καὶ περιβάλλειν τὸ θηρίον ὥρμηκεν, ὁ δὲ τῆς μὲν οὐδὲν ξυνίησι, βλέπει δὲ τὴν ἑαυτοῦ βοῦν. γέγραπται δὲ ὁ μὲν ταῦρος ἀγέρωχός τε καὶ ἡγεμὼν τῆς ἀγέλης, εὔκερώς τε καὶ λευκὸς καὶ βεβηκὼς ἤδη καὶ βαθὺς τὴν φάρυγγα καὶ πίων τὸν αὐχένα καὶ ἱλαρὸν βλέπων ἐς τὴν βοῦν, ἡ δὲ ἀγελαία τε καὶ ἄνετος καὶ λευκὴ πᾶσα ἐπὶ μελαίνῃ τῇ κεφαλῇ, ἀπαξιοῖ δὲ τὸν ταῦρον· σκίρτημα γὰρ ὑποφαίνει κόρης δή τινος ὑποφευγούσης ἐραστοῦ ὕβριν.
 
PASIFAE (DESCRIPCIONES DE CUADROS, 1.16)
Pasífae está enamorada del toro y ruega a Dédalo que invente un ardid para persuadirlo en su favor; Dédalo está construyendo una vaca hueca, parecida a las de la manada que frecuenta el toro. Que hubo una unión de ambos lo muestra la figura anormalmente compuesta del Minotauro; sin embargo, la unión ahora no está representada en la pintura, sino que esto es el taller de Dédalo, rodeado de esculturas, unas, sólo en esbozos, otras, ya completamente terminadas pues sólo les falta ponerse a caminar. En realidad, antes de Dédalo el arte de hacer estatuas no se le había ocurrido todavía a nadie. El propio Dédalo tiene ese semblante típico de los sabios del Ática, con una forma de mirar que denota inteligencia; su manera de vestir es ática también: lleva el manto gris y se le ha pintado descalzo, como suelen ir a menudo los del Ática.

Dédalo está sentado ante la vaca que está construyendo y los Amores son sus colaboradores en la tarea para así implicar en ella a Afrodita. Los Amores son esos que se ven ahí, dando vueltas al taladro y también, por Zeus, otros que están puliendo con el cepillo la parte de la vaca que no está lista todavía; otros, asimismo, verifican las proporciones pues de ello depende un buen trabajo artesano. Hay otros más que usan la sierra, con una maestría y habilidad que sobrepasa todo lo que se puede hacer con las manos y los colores.

Observa: la sierra se ha hendido en la madera y ya la está serrando, a ello se dedican estos dos Amores, uno desde el suelo y el otro a lomos de la vaca, ambos levantándose o inclinándose alternativamente. Fijémonos en este movimiento alternante: uno se inclina para luego reincorporarse, el otro se incorpora para inclinarse después; el que trabaja desde el suelo expira el aire de su pecho, mientras el que está arriba hincha el vientre al respirar, y ambos mueven las manos a un tiempo.

Pasífae fuera, junto al rebaño, mira fijamente al toro, pensando que atraerá su atención la belleza de su semblante y el vestido que lleva, divino, resplandeciente como el arco iris; su mirada es de estupor —ya que se da cuenta de qué criatura es esa que ama—, pero arde en deseos de abrazarlo; el toro, no obstante, no le hace ningún caso y está mirando a su vaca. El artista ha dado al toro un aire altivo —es sin duda el jefe del rebaño—, bien provisto de defensas, blanco, bregado en fecundar vacas; garganta ancha, cuello macizo; observa con deseo a la vaca, mientras ésta pace con el rebaño, tranquila, también ella blanca de cuerpo, pero de cabeza negra, mirando displicentemente al toro: su ademán recuerda el de una muchacha que recela la violencia de su enamorado.
 
   
 
   
(Tr) FILÓSTRATO, Descripciones de cuadros, traducción de Francesca Mestre, Madrid: Gredos, Biblioteca Clásica, 1996.