Traducción de Francesca Mestre
 
ΜΕΝΟΙΚΕΥΣ

     Θηβῶν μὲν ἡ πολιορκία, τὸ γὰρ τεῖχος ἑπτάπυλον, ἡ στρατιὰ δὲ Πολυνείκης ὁ τοῦ Οἰδίποδος· οἱ γὰρ λόχοι ἑπτά. πελάζει αὐτοῖς ᾿Αμφιάρεως ἀθύμῳ εἴδει καὶ ξυνιέντι ἃ πείσονται, καὶ οἱ μὲν ἄλλοι λοχαγοὶ δεδίασι–ταῦτα καὶ τὰς χεῖρας ἐς τὸν Δία αἴρουσι–Καπανεὺς δὲ τὰ τείχη βλέπει περιφρονῶν τὰς ἐπάλξεις ὡς κλίμακι ἁλωτάς. οὐ μὴν βάλλεταί πω ἀπὸ τῶν ἐπάλξεων ὀκνοῦντές που οἱ Θηβαῖοι ἄρξαι μάχης. ἡδὺ τὸ σόφισμα τοῦ ζωγράφου. περιβάλλων τοῖς τείχεσιν ἄνδρας ὡπλισμένους τοὺς μὲν ἀρτίους παρέχει ὁρᾶν, τοὺς δὲ ἀσαφεῖς τὰ σκέλη, τοὺς δὲ ἡμίσεας καὶ στέρνα ἐνίων καὶ κεφαλὰς μόνας καὶ κόρυθας μόνας, εἶτα αἰχμάς. ἀναλογία ταῦτα, ὦ παῖ· δεῖ γὰρ κλέπτεσθαι τοὺς ὀφθαλμοὺς τοῖς ἐπιτηδείοις κύκλοις συναπιόντας. οὐδὲ αἱ Θῆβαι ἀμάντευτοι· λόγιον γάρ τι ὁ Τειρεσίας λέγει τεῖνον ἐς Μενοικέα τὸν τοῦ Κρέοντος, ὡς ἀποθανών, ἔνθα ἡ χειὰ τοῦ δράκοντος, ἐλευθέρα ἡ πόλις ἐκ τούτου εἴη. ὁ δὲ ἀποθνῄσκει λαθὼν τὸν πατέρα ἐλεεινὸς μὲν τῆς ἡλικίας, εὐδαίμων δὲ τοῦ θάρσους. ὅρα γὰρ τὰ τοῦ ζωγράφου. γράφει μειράκιον οὐ λευκὸν οὐδ' ἐκ τρυφῆς, ἀλλ' εὔψυχον καὶ παλαίστρας πνέον, οἷον τὸ τῶν μελιχρόων ἄνθος, οὓς ἐπαινεῖ ὁ τοῦ ᾿Αρίστωνος, διαφράττει δὲ αὐτὸ στέρνοις εὐβαφέσι καὶ πλευραῖς καὶ γλουτῷ συμμέτρῳ καὶ μηρῷ. ἔρρωται καὶ ὤμων ἐπαγγελίᾳ καὶ οὐκ ἀτρέπτῳ τένοντι, μετέχει δὲ καὶ κόμης, ὅσον μὴ κομᾶν. ἐφέστηκε δὲ τῇ χειᾷ τοῦ δράκοντος ἕλκον τὸ ξίφος ἐνδεδυκὸς ἤδη τῇ πλευρᾷ. καὶ δεξώμεθα, ὦ παῖ, τὸ αἷμα κόλπον αὐτῷ ὑποσχόντες· ἐκχεῖται γάρ, καὶ ἡ ψυχὴ ἤδη ἄπεισι, μικρὸν δὲ ὕστερον καὶ τετριγυίας αὐτῆς ἀκούσῃ. ἔρωτα γὰρ τῶν καλῶν σωμάτων καὶ  αἱ ψυχαὶ ἴσχουσιν, ὅθεν ἄκουσαι αὐτῶν ἀπαλλάττονται. ὑπεξιόντος δὲ αὐτῷ τοῦ αἵματος ὀκλάζει καὶ ἀσπάζεται τὸν θάνατον καλῷ καὶ ἡδεῖ τῷ ὄμματι καὶ οἷον ὕπνον ἕλκοντι.
MENECEO (DESCRIPCIONES DE CUADROS, 1.4)
 
Esto es el asedio de Tebas, ya que la muralla tiene siete puertas, y este ejército es el de Polinices, hijo de Edipo, pues siete son sus batallones. Anfiarao se acerca al campo de batalla con rostro desesperado, sabedor de lo que les tocará sufrir ; los demás jefes de tropa tienen miedo también —se nota porque levantan sus manos hacia Zeus—, Capaneo echa una mirada al muro pensando cómo tomar las almenas con una escalera . Por el momento no hay intercambio de proyectiles desde las almenas, pues, de algún modo, los tebanos dudan en comenzar el combate.

La inteligencia del pintor es deliciosa: ha rodeado las murallas de hombres armados, de modo que unos se presentan a la vista de cuerpo entero, otros con las piernas ocultas, a otros se les ve de cintura para arriba, a otros sólo el pecho, o sólo las cabezas o los cascos, o finalmente, sólo la punta de la lanza. Esto, hijo mío, es perspectiva: se trata de robar a los ojos la visión a medida que se alejan con los debidos movimientos circulares.

No se encuentra Tebas sin su adivino: ahí está Tiresias diciendo un oráculo dirigido a Meneceo, hijo de Creonte, que, con su muerte, allá en la guarida del dragón, liberará la ciudad . Meneceo muere, sin que su padre lo sepa, digno de compasión por su edad temprana, pero feliz por su bravura. ¡Fíjate en el arte del pintor! Ha dibujado a un joven ni pálido ni de lujosa cuna, sino valeroso y oliendo a palestra, igual que si fuera uno de esos jóvenes de piel ligeramente bronceada que alaba el hijo de Aristón; le ha dotado de pecho y de costados curtidos, de nalgas y muslos bien proporcionados. Prueba de su fuerza son sus hombros prominentes y la elasticidad de su cuello; también tiene largos cabellos pero no una cabellera cuidada en exceso.

De pie en la guarida del dragón, con la espada en alto que ya ha hendido en su costado. Recojamos, muchacho, en nuestro regazo la sangre de su herida: mana a borbotones, y ya su alma se aleja y dentro de poco podrás escuchar su último chillido. Pues las almas también suelen amar los cuerpos bellos y no desean separarse de ellos. Mientras se desangra lentamente, balancea el cuerpo para saludar a la muerte con mirada bella y dulce, como atrayendo al sueño.
   
 
   
(Tr) FILÓSTRATO, Descripciones de cuadros, traducción de Francesca Mestre, Madrid: Gredos, Biblioteca Clásica, 1996.