¿Dónde estás?
Aquel día cerraste la puerta como siempre y como nunca.
Hubieras podido decir: «Vuelvo enseguida.» O bien: «Hasta la noche, padre.»
Sin ti mis días pasan lentos, como bestias exhaustas.
Con el negro martillo de las esperas clavo en las paredes desnudas del tiempo las imágenes
de tu recuerdo encendido.
Siento el aire de tu dulce sonrisa luminosa en cada nueva arruga de mi rostro.
Y con mi voz de ceniza dispersa llamo al bronce alto de tu vida.
¿Dónde estás?
¿Duermes ahora?
¿Qué paisajes torturados bajan de tus ojos a buscar las figuras de tus sueños?
¿Qué enfriamiento de muertes súbitas hay en tus manos honradas?
Te veo entre millares, entre millones, individual y anónimo fragmento de historia en marcha, hijo mío.
Descansas, niño y titán, como una hoja caída y como una montaña.
Cerca de ti, encima de la espiga de luna de tu bayoneta, luce la mariposa de la libertad.